No conozco a mi hijo

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En esta sociedad donde el ritmo diario de la vida nos exige a los padres esforzarnos al máximo; no resulta poco común llegar a casa después de un muy pesado día de trabajo y encontrar a un jovencito que apenas aleja la mirada del celular para mirarnos, que poco esfuerzo hace por contestar cuando nos dirigimos a él y que cuando nos favorece con una respuesta, por lo general es en sentido contrario a lo que pensamos. Observas como toma su suéter y sin decir adiós se va a la calle. Te quedas mirando fijamente hacia esa puerta cerrada, reflexionando, no sabes a donde va, con quien, y mirando sus ropas, tampoco sabías que le gustaban los colores negro y gris. Y con tristeza admites:”No conozco a mi hijo”.

Tú te preocupas por llevar dinero a casa, por darle una buena educación, por su salud, por su seguridad, por su bienestar, claro que lo amas, y se los has dicho muchas veces. Pero al parecer él no lo ha sentido así. Estos primeros pasos hacia una adolescencia conflictiva pueden deberse a tu ausencia prolongada en etapas anteriores de su vida. No solamente te has perdido de momentos irrepetibles e invaluables, sino que también has impactado y afectado el desarrollo de tu hijo.

 

Las consecuencias.

Malas calificaciones. Los niños necesitan motivación y orientación. Muchos de los problemas de aprendizaje se derivan de la ausencia de un adulto que los aliente a esforzarse.

Vacíos afectivos. Cuando tu hijo no encuentra la comprensión, orientación, la seguridad y un modelo a seguir por tus prolongadas ausencias, muy probablemente buscará satisfacer esas necesidades con sus amigos en la escuela o en el barrio, en internet o en la televisión.

Estás consciente de las consecuencias de no haber estado allí, pocas veces has encarado esta realidad, sin embargo, sientes que es poco lo que puedes hacer por cambiarla…pero si puedes.

Siempre hay un camino.

Bríndale tanto tiempo de calidad como te sea posible. El tiempo de calidad es aquel que te permite conocer a tu hijo, cuales son sus sueños, sus metas, que le gusta, que no le gusta, como ve él la vida. El tiempo de calidad es el que te permite proporcionarle algo que nadie más le puede dar: una familia amorosa y estable.

Aprovecha cualquier oportunidad. Acompáñalo a tomar el camión escolar, compartan una caminata por la playa o un paseo en bici, disfruten juntos de alguna actividad recreativa por lo menos durante media hora: léele un cuento, canta con él, saca ese juego de mesa del armario y disfrútenlo.

Recuerda que cada vez que pasas tiempo de calidad con tu hijo estas cimentando un futuro con valores, feliz y exitoso.

 

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